Newsletter Vector Julio 2008
Outsourcing Tecnológico para combatir la crisis
// Luis Fernando San Martín
Luis Fernando San Martín

Se han escrito ríos de tinta sobre el origen, la naturaleza y las distintas versiones del término “outsourcing”, aunque su definición sigue siendo algo extraordinariamente básico: la contratación de servicios a una tercera parte. Si nos referimos a nuevas tecnologías, la externalización de servicios puede referirse a la subcontratación de un proceso muy concreto –como el almacenamiento de datos o el back-up, por ejemplo- o a la delegación en otra compañía de toda la estrategia y operativa tecnológicas.

Escasa o moderadamente desarrollado en otros sectores, el “outsourcing” está ampliamente aceptado y extendido en el ámbito de las tecnologías de la información. Las ventajas que ofrece son muchas, tanto cualitativa como cuantitativamente, por lo que casi el 100% de las empresas con importantes necesidades tecnológicas recurren a los servicios y el know-how de terceras compañías.

Los principales efectos benéficos del “outsourcing” tienen que ver en cómo éste impacta positivamente en la flexibilidad, la productividad, la competitividad, el control presupuestario y la capacidad de innovación de las empresas. En tiempos de inestabilidad económica, como los actuales, estas ventajas se revelan estratégicas.

Aunque el término “crisis” siga siendo tabú en determinados ámbitos, directivos y empresarios saben perfectamente que nos adentramos en un ciclo económico de importantes y profundos ajustes. Las consecuencias, para las compañías, son evidentes: contención del gasto, limitación de las inversiones e impulso a la eficiencia y la competitividad en todas las áreas de la organización.

En este contexto, la externalización de servicios TI puede transformarse en un aliado clave para sortear la crisis y alinear las estrategias de tecnología con la política corporativa de control de costes y máxima flexibilidad.

El “outsourcing” genera economías de escala y permite costes laborales menores que los que se producirían internamente para cubrir las mismas necesidades. Además, constituye el mejor aliado para estrategias “anticíclicas”, necesarias en momentos de crisis: permite jugar con períodos y con capacidades. Las empresas no siempre tienen las mismas necesidades, ni requieren los mismos servicios, por lo que contar con un proveedor del que “tirar” en los momentos “pico” y del que hacer menos uso en los momentos “valle” constituye una herramienta estratégica.

Por otro lado, contratar a un proveedor para que resuelva un reto tecnológico para el que no estamos totalmente cualificados permite que nos centremos en aquellos aspectos del negocio en el que sí lo estamos. El “outsourcing” orienta a las compañías hacia su “core business”, que es exactamente lo que es aconsejable que hagan en momentos de inestabilidad económica.

En un entorno tan híper competitivo como el actual, las organizaciones necesitan una mayor capacidad de planificación, de asignación de recursos, de mayor flexibilidad a la hora de establecer objetivos primarios y complementarios y una mejora en la eficacia y eficiencia global de la organización.

Por último, cuando se cuenta con un aliado externo los costes del proyecto para el que se le pide ayuda están claramente definidos y permiten a cualquier compañía mayor control presupuestario, con la mínima inversión en infraestructuras. El proveedor asume, además, el papel de acelerador de la innovación: recibe toda la presión para situarse en vanguardia del conocimiento, por lo que sus clientes quedan liberados de este importante desafío.

Los japoneses definen el concepto de crisis como la suma de dos ideas: peligro y oportunidad. El “outsourcing” tecnológico es la fórmula adecuada para vencer el primero y maximizar la segunda. Quizá por ello, todos los analistas coincidan en señalar que, pese a la ralentización económica, la externalización de servicios seguirá gozando de buena salud a corto plazo y cerrará este años con un crecimiento superior al 8%…